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LOS LLANOS DE LA PEZ
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LA CALDERA DE BANDAMA
LA CALDERA DE BANDAMA
Domingo por la mañana, a una hora cristiana.
Aparcamos los coches junto a las casas y comenzamos el descenso a la caldera.
Aunque relativamente empinado, el camino es fácil de andar y enseguida llegamos
a un mirador que, creímos, sería un observatorio de aves.
Y allí visualizamos las primeras, unas cuantas
palomas. Continuamos el descenso y pronto nos encontramos en el fondo de la
caldera. El día era soleado pero no hacía calor. Comenzamos a caminar y
enseguida observamos mirlos y más palomas. Éstas, entrando y saliendo de
grietas y cuevitas en las rocas; aquéllos, haciendo otro tanto de los cogollos
de las palmeras y las ramas de los árboles.
Luego, durante un buen rato, nada. Escuchamos
muchos reclamos y cantos de aves pero no logramos ver ninguna. Divisamos
entonces un mosquitero, o eso creemos, y –a continuación- un capirote.
Intentamos cazarlo con nuestras cámaras, pero no hubo manera. No conseguimos ni
una triste foto digna del pajarillo.
Pero entonces, ya hacia el mediodía y las primeras
horas de la tarde, comenzó el espectáculo de las rapaces. Del risco que se
alzaba sobre nuestras cabezas comenzaron a salir rapaces: primero aguilillas,
tres individuos; luego, cernícalos, dos parejas. Volaron una y otra vez por
encima nuestro, lo que aprovechamos cumplidamente para observar cuanto detalle
nos enseñaron. Y nos enseñaron muchos.
Por fin, satisfechos de cuanto vimos, emprendimos
el regreso. Y entonces fue cuando realmente reparamos en que teníamos que subir
el mismo desnivel que habíamos bajado. ¡Y qué subida! Jadeando y con la lengua
afuera nos empeñamos en el ascenso. Los más jóvenes nos dejaron atrás
enseguida; los más carrozones constituimos la retaguardia. Y así, despacio pero
sin detenernos, fuimos subiendo, hasta llegar al mirador en el que nos
detuvimos al inicio de la excursión. Habíamos supuesto que se trataba de un
observatorio de aves y ahora nos quedaba clara la razón: los vuelos en círculos
que realizan las aguilillas en torno a la caldera se aprecian mucho mejor desde
este punto que desde el fondo de la misma.
Cogimos resuello y continuamos el ascenso. Por fin
llegamos arriba del todo y, extenuados, hicimos un nuevo alto que aprovechamos
para leer los carteles informativos que allí mismo encontramos. Nos enteramos
entonces de que nos habíamos saltamos una casita que tienen acondicionada para
observar pájaros y que se divisa desde las alturas. ¿Bajar de nuevo? ¡Ni de
broma! En su lugar acordamos volver en verano, un día que haga fresquito, y
otra vez el próximo otoño. Queremos observar la avifauna de la caldera en las
diversas estaciones del año.
A continuación fuimos a un bar, nos tomamos unos
refrescos y eso fue todo. ¿Mereció la pena? Por supuesto. No hay nada más
agradable que pasear conversando junto con amigos y familiares. Por si eso
fuera poco premio, pudimos observar las evoluciones en el aire de aguilillas y
cernícalos, y apreciar sus diferentes formas y dimensiones, disfrutamos del
paisaje y –estoy seguro- perdí la mitad de la barriga. ¿Se puede pedir más?
Pero, ¿qué hay de la caldera? Bueno, la caldera no
es más que una profunda depresión circular, limitada por paredes
escarpadas. A lo que parece, y como no
puede ser de otra manera, su origen es volcánico, consistiendo en lo que los
geólogos denominan caldera de explosión. Presenta una profundidad de unos
doscientos metros y un radio de medio kilómetro.
Si te gustan las plantas podrás ver en ella
lentiscos, palmeras, dragos y muchas otras especies más, entre ellas algunos
endemismos canarios. Si te gustan las aves, las que te hemos señalado en este
artículo y algunos más que nuestra torpeza nos impidió observar.
UBICACIÓN
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JUNCALILLO DEL SUR
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JUNCALILLO DEL SUR
La primera vez que oímos hablar de Juncalillo del
S, paraje situado justo al lado del Catillo del Romeral, entendimos que se
trataba de un espacio natural protegido por constituir un hábitat ideal para
las aves limícolas y acuáticas que viven y visitan nuestra isla. Por esa razón
nos interesó y nos procuramos información sobre el mismo.
Enseguida nos pusimos a estudiar y, tras consultar
varias fichas -a las que accedimos vía Internet- llegamos a la siguiente
conclusión: Juncalillo del Sur es una llanura aluvial, azotada por vientos
fuertes y caracterizada por una franja intermareal muy amplia. Cuando se
producen marejadas gruesas o llueve intensamente suelen formarse en ella
charcas de agua salada, principalmente en las proximidades de la Punta de la
Caleta.
Como vegetación representativa del lugar deben ser
reseñados el saladillo, la uvilla de mar, el chaparro y la brusquilla.
Por lo que se refiere a las aves, concretamente a
las acuáticas, se trata de un paraje donde se puede observar al Chorlitejo
patinegro, las gaviotas patiamarilla y sombría, el Zarapito trinador, el
Correlimos tridáctilo, el chorlitejo grande, el Vuelvepiedras, la Garceta
común, la Garza real, la Espátula y otros muchos más, en variable número y
según la época del año.
Por último, en lo que respecta a las aves
terrestres, en Juncalillo del Sur viven y se reproducen la Terrera marismeña,
la Curruca tomillera, el Gorrión moruno, el Bisbita caminero, el Camachuelo
trompetero y el Alcaudón real.
Con toda esa información en nuestra mente nos
pusimos en marcha. Visitamos el lugar en marzo, algo tarde para observar a la
mayor parte de las aves migratorias y de paso. Salimos de Las Palmas y cogimos
la autopista para el Sur, que abandonamos por la salida de Juan Grande. A
continuación tomamos la GC-501 y aparcamos el coche en el Castillo del Romeral.
Luego nos pusimos a caminar.
Enseguida nos topamos con un Zarapito trinador y
una Garceta común, a los cuales fotografiamos; luego avistamos varias gaviotas
patiamarillas, que pudimos retratar también. Seguimos andando y tropezamos con
un par de bisbitas camineros y un Gorrión moruno. Pero ambos fueron demasiado
rápidos para nosotros.
Del resto de las aves que en teoría deberíamos
haber visto, nada de nada. Pero no por no estar presentes en la zona sino,
simplemente, por no estar habituados a observar el espacio de nuestro entorno y
por nuestros continuos parloteos.
No importa. El día era de escándalo, soleado y
fresco, y nos lo pasamos muy bien. El remate: unas cervezas y unas rizas en la
cofradía de pescadores del Castillo.
Garzeta común. Foto de Isabel Alemán. Castillo del Romeral, Juncalillo del sur. Marzo 2011. Fíjate en las plumas erizadas de la nuca y en los pies amarillos del animal. Te servirán para identificarla si algún día te topas con ella. Garzeta común. Foto de Isabel Alemán. Castillo del Romeral, Juncalillo del sur. Marzo 2011.El plumaje de este ave es enteramente blanco, de un blanco "nuclear" diríamos nosotros.
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Este artículo se ha resuelto con ayuda de la
información que encontramos en la web, concretamente en una ficha firmada por
don Octavio Trujillo Ramírez, que forma parte de una colección que intenta dar
a conocer diversos parajes naturales del S de Gran Canaria al público general.
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EL PINAR DE TAMADABA
EL PINAR DE TAMADABA
Venga, levanta y llama a
tus amigos. Es domingo y ya son las nueve de la mañana. Desayuna deprisa y
ponte en marcha. Coge tu cámara y los prismáticos, y disponte a fotografiar
paisajes y, como no, pájaros.
Te recomendamos que
visites el Pinar de Tamadaba. Como sabes, es un área boscosa de 8 km2
de extensión, ubicada en el sector noroccidental de la isla, desde la que
puedes disfrutar de vistas espectaculares. El nivel trófico de los productores
está representado, básicamente, por arbustos de leguminosas como el escobón o
el codeso, y por el pino canario (Pinus canariensis); el de los consumidores,
por fauna invertebrada, reptiles y aves.
Por lo que respecta a las
aves, que es lo que realmente nos interesa, puedes disfrutar en este pinar, al
menos en teoría, de pinzones azules, picos picapinos, alpispas, petirrojos,
aguilillas, mosquiteros y búhos, por nombrarte algunos.
Nosotros subimos al Pinar
de Tamadaba en diciembre. Partimos de Las Palmas y a la altura de Gáldar
cogimos el desvío que conduce a los Pinos de Gáldar. Perseveramos un poco más y
llegamos a Artenara, y de allí a Tamadaba… un paso.
El viaje mereció la pena y
eso por tres razones: primera, los paisajes que se divisan desde el pinar son
increíbles, quebrados, agrestes, salvajes; segunda, los caminos que cogimos
estaban limpios y su andadura resultó muy grata; tercera, pudimos fotografiar
una pareja de picapinos y un cernícalo.
El pico picapinos
(De-drocopos major) es un ave que se alimento de las larvas y los insectos que
encuentra rebuscando entre las cortezas de los pinos. Es fácil de reconocer por
su vistoso plumaje negro, blanco y rojo. Construye sus nidos en cavidades en el
interior de los troncos secos de estos árboles, a las cuales accede por
agujeros que ellos mismos practican.
El cernícalo común o
vulgar, por su parte, es la rapaz más abundante de Canarias. La subespecie que
habita en Gran Canaria es la misma que la de Tenerife y las islas occidentales,
el Falco tinnunculus canariensis. Su plumaje es de un color marrón-anaranjado y
al macho se le distingue fácilmente de la hembra por su capuchón y cola grises.
Se alimenta de insectos, lagartos pequeños y ratones.
Lo avistamos, y
fotografiamos, primeramente en los espacios abiertos por donde ascendimos a
Artenara; luego, para nuestra sorpresa, volvimos a toparnos con él dentro del
pinar. Allí también lo captamos con nuestras cámaras. (Deberás disculpar la
calidad de nuestras fotos. En nuestro grupo nadie tiene teleobjetivo y si lo
tuviéramos no sabríamos tampoco muy bien que hacer con él).
Avistamos también un
petirrojo pero fotografiarlo resultó imposible. Simplemente, fue demasiado
rápido para nosotros… ¡y eso en dos ocasiones! Tímido y nervioso, logró
esconderse entre la floresta antes de que ninguno de nosotros acertara a
hacerle retrato alguno.
Este pequeño pájaro exhibe
plumaje de color gris y se caracteriza por la enorme mancha roja que luce en la
cara y el pecho. Se nutre de semillas, frutos e insectos y gusta de lugares con
vegetación abundante, como bosques y jardines.
No pudimos, sin embargo,
vislumbrar al escurridizo y escaso pinzón azul y tampoco logramos observar
ninguna aguililla y, menos aún, un gavilán. No importa.
Luego visitamos Artenara y
allí nos topamos con una alpispa y una perdiz común. La primera es un pájaro
cubierto por plumaje gris en las partes superiores y amarillo en las
inferiores, que luce una enorme cola y se alimenta de invertebrados, insectos y
arañas básicamente; la segunda, es un ave terrestre, rechoncheta y de colores
muy vivos, blanco, castaño-rojizo y gris, que se sostiene con granos, semillas
e insectos.
Hicimos un alto en un bar
del pueblo y, recuperadas las fuerzas, tras recorrer sus calles y observar los
paisajes desde sus diversos miradores, tornamos a los coches y regresamos a la
ciudad.
UBICACIÓN
Bibliografía
Sitios web:
http://www.figurasdeprotecciondegrancanaria.es/
libros:
Guía
de las aves de las Islas Canarias. José Manuel Moreno. Interinsular canaria.
Historia
natural de las Islas canarias. David & Zoë Bramwell. Editorial Rueda.
Aves
del Archipiélago Canario. Aurelio Martín y Juan A. Lorenzo. Francisco Lemus
Editor.
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